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La siguiente situación es muy común: Un hombre conoce a una mujer madre soltera, se conocen y se enamora. Tanto que el muchacho decide irse a vivir con ella (“arrejuntarse”, según se dice en ambientes populares) y decide irse a “darle los apellidos” al niño, dizque porque ahora son una familia.

Tiempo después, se separa de la señorita y se da cuenta que ahora deberá responder por un niño que nunca fue suyo y que, probablemente, ahora no quiere ver ni en pintura.

En algunos casos, hay hombres, VERDADEROS HOMBRES, que asumen que el menor no tiene la culpa del fracaso de la relación, o simplemente se encariñaron tanto con el niño, que sigue respondiendo por él como si fuera su propio vástago. Pero hay otros que no puede, o no quieren, responder por un menor que ni siquiera conocían antes de conocer a su ex pareja, y deciden quitarse ese peso de encima.

Es muy obvio que esto se hace mediante un proceso de impugnación de paternidad/maternidad, pero el ICBF hoy nos explica qué se debe probar para que esa petición sea procedente:

A través de un concepto, la entidad respondió que con la impugnación de la paternidad lo que se pretende es hacer desaparecer los efectos de la confesión que condujo al reconocimiento de una persona como su hijo, porque esta no ha podido tenerlo como padre, de conformidad con el numeral 1° del artículo 248 del Código Civil (CC)

En ese orden, para que se estime procedente, el interesado debe probar alguna de las siguientes causas:

1. Que el hijo no ha podido tener por padre al que pasa por tal.

2. Que el hijo no ha tenido por madre a la que pasa por tal.

Ahora bien, los titulares de la legitimación de la impugnación de la paternidad o la maternidad son:

1. De acuerdo con el artículo 4° de la Ley 1060 del 2006, el cónyuge o compañero permanente y la madre, dentro de los 140 días siguientes a aquel en que tuvieron conocimiento de que no es el padre o madre biológico.

2. De acuerdo con el artículo 5° de la Ley 1060 del 2006, el hijo en cualquier tiempo.

3. De acuerdo con el artículo 406 del C.C, el hijo, y quien se presente como verdadero padre o madre del que pasa por hijo de otros, en concordancia con lo establecido por la Corte Constitucional en Sentencia C-109 de 1995, y corroborado por la Corte Suprema de Justicia Sala Civil, en su Sentencia 11001311001420050007801 del 24 de abril del 2012.

De esta manera, el ICBF resaltó que la Ley 1060 del 2006 eliminó cualquier obstáculo para que el padre biológico pudiera promover la acción de impugnación de paternidad, toda vez que, ciertamente, le asiste un interés propio y autónomo, siempre y cuando esté plenamente establecida su calidad, ya que de no ser así carecería de legitimación para hacerlo.

(Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Concepto 72, jun. 11/2015)

Tomado de Ámbito Jurídico (con acceso al 15 de octubre de 2015)

La verdad, este concepto del ICBF sólo se limita a decir verdades de Perogrullo, más no aclara aspectos del proceso de Impugnación de paternidad que un impugnante debería conocer si desea tramitar este proceso (les hablaré de esto en otra ocasión)

Sin embargo, de aquí se extraen conclusiones muy importantes:

1. No todas las cosas en derecho se deshacen como se hicieron. En este caso se debe recurrir a iniciar este proceso porque aquí prima el “interés superior del menor”, dado que lo más lógico es que en el caso del reconocimiento voluntario de menores la persona que los reconoció simplemente debería poder retractarse de esa petición con una declaración extra juicio ante el mismo funcionario que le aceptó el reconocimiento. Es que poner a una persona a iniciar procesos por algo en lo que se metió voluntariamente sólo por el supuesto interés superior de un menor (que en este caso se trata de una excusa pendeja dado que el menor antes no tenía papá) es como si usted le dijera a todos que es gay y luego necesite pedirle permiso a la Policía gay para salir con gente de diferente sexo.

2. Si va a reconocer hijos ajenos, asegúrese de tener en cuenta los riesgos e implicaciones de dicho acto jurídico. Esto es importante, porque el proceso de impugnación de paternidad cuesta dinero, y podrían practicarse pruebas de ADN que están en unos quinientos mil pesos.

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